El verano pasado leí un afilado (y divertido) artículo de Margarita Rivière sobre la ex ministra Bibiana Aído que me recordó un poco al malévolo retrato de Simone Weil que hizo Susan Sontag. En su texto, Rivière recogía estos dos fragmentos de unas declaraciones de Bibiana Aído:
“No soportan que una mujer joven y del pueblo llegue a ser ministra” (sic),
y
“Llegan desde la derecha. Aquí se da una unión de misoginia y gerontocracia que puede ser una bomba letal (…). Molesta que alguien como yo esté ocupando poder, un poder que me corresponde, que de manera natural es mío” (sic., las cursivas son mías).
Tremendum et fascinans. Si Max Weber levantara la cabeza y leyera la última frase de la segunda declaración de Aído… empiezo otra vez. Pertenezco a esa clase de seres que experimentan un sentimiento de incomodidad cuando perciben que están siendo gobernados por un (o una) idiota... paso, lo dejo, no vale la pena ni empezar la catilinaria…
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Debería haber dedicado esta entrada a Alma (Lengua de Trapo, 2011), la última novela de Javier Moreno, un libro recomendable que espero poder comentar en breve como merece. Lo cierto es que ayer, al enterarme de que Aído ha sido nombrada asesora de ONU-mujer, me acordé del artículo de Rivière. Confieso abiertamente que no siento demasiada simpatía hacia Bibiana Aído, pero no porque sea mujer, joven y, como ella misma dice, “del pueblo”, sino porque me parece una trepa semi-analfabeta. Ando embarcado en unos inútiles estudios sobre semiosis, de modo que, aprovechando el texto y el contexto, copio el borrador de un fragmento de un texto que he de repasar y repensar. Como no he tenido la suerte de nacer en Burgos y llamarme Beatriz, debo atenerme a la mala costumbre de intentar ser claro en la exposición. Ahí va:
“(…) De manera más amplia, podría también hablarse en plural de aproximaciones al Estado del bienestar sensibles al género (gender sensitive) o también de esquemas de análisis gender friendly y aun de teorizaciones gender-fare, denominaciones que son tal vez preferibles al monolítico rótulo “perspectiva de género” e incluso al término feminismo, precisamente porque aquellas expresiones reflejan mejor la heterogeneidad interna a la que se acaba de hacer referencia[1]. Sea cual fuere la expresión elegida para denominar estas aproximaciones, parece conveniente introducir tres acotaciones previas en torno a la precomprensión aceptada del sintagma “perspectiva de género”, una precomprensión tosca e inexacta aunque ampliamente extendida en nuestro medio en virtud de un trabajo consciente de logogénesis gubernamental[2]:
i) El presupuesto de acuerdo con el cual el “género” es el contenido político, social y cultural atribuido a dos sexos biológicos dispara inmediatamente un resorte que, como si de una auto-evidencia se tratara, hace equivaler las relaciones “de género” a las relaciones entre hombres y mujeres, una simplificación que excluye a priori del campo de análisis otras formas de relación y de corporeidad/ sexualidad[3].
ii) Aún asumiendo esta primera simplificación (o reducción) y aceptando el meta-argumento implícito en la perspectiva de género (o de sexo/ género) –argumento según el cual “género” no es sinónimo de “mujer”, sino de la construcción social de pautas culturales, socio-laborales, conductuales y psicológicas elaborada sobre la base de la existencia de dos sexos biológicos de la que resulta la atribución de roles diferenciados a ambos y la correlativa subordinación de uno de ellos (el sexo/ género femenino o “las mujeres”) con respecto al otro (el sexo/ género masculino o “los hombres”)–, una segunda simplificación consiste en dar por descontado que resulta posible hablar de “la mujer” o de “las mujeres” como si se tratara de un grupo socialmente homogéneo.
iii) En estrecha relación con lo que se acaba de señalar, una tercera simplificación consiste en plantear la problemática del “género” en relación con los Estados del bienestar y la esfera productivo-laboral como si todas las cuestiones involucradas en el análisis pudieran ser reconducidas a una especie de (también auto-evidente) “dialéctica hombres vs. mujeres”, simplificación que tiende a soslayar injustificadamente los ejes de diferencia y desigualdad que se cruzan en esta relación –entre ellos, y además de los ya señalados en (i), las determinaciones socio-económicas y de clase que marcan las relaciones de dominio y subordinación entre las propias mujeres.
Si bien estas tres simplificaciones merecerían un comentario detallado, de aquí en más se asumirá la convención de acuerdo con la cual las relaciones de género equivalen a las relaciones entre hombres y mujeres.”
[1] Sobre la heterogeneidad interna del feminismo en relación al análisis del Estado del bienestar aun desde el punto de vista del feminismo mainstream vid. entre otros, A. S. Orloff, “Gender and the social rights of citizenship: the comparative analysis of gender relations and welfare states”, American Sociological Review, 58, 1993, p. 304-305; y D. Sainsbury, Gender, equality and the welfare state, cit., pp. 34 ss.
[2] El término ‘logogénesis’ se toma de M. A. K. Halliday, “So you say ‘pass’…thak you three muchly”, en J. Webster (ed.), Linguistic studies of text and discourse (Collected works of M. A. K. Halliday, Vol. II), Nueva York-Londres, Continuum, 2002, pp. 218 ss.
[3] Cfr. P. Viturro, “Constancias”, en C. Courtis (ed.), Observar la ley. Ensayos sobre metodología de la investigación jurídica, Madrid, Trotta, 2006, p. 394.

6 diletantes:
Llegará el momento del Alma. Mientras tanto, no está de más revisar la incesante actualización de las fronteras, perdón, de los géneros. En los años noventa existía una revista, Body Politics, en la que aparecía el término xenogamy como apareamientos de contrarios, físico o conceptuales, llegando a la xenogamia más extendida de todas, que era la de géneros masculino y femenino. Irse hasta los marcianos y las venusinas sería fácil, pero no se trata de eso.
Por otro lado, comparto ese mosqueo alrededor de declaraciones tan desprovistas de sensatez, tan orgullosamente ignorantes, pero ese es otro asunto.
Un saludo y hasta otra.
Hola Carlos, la verdad es que la balcanización teórica made in USA en torno al gender, las llamadas políticas del cuerpo, la queer theory y demás da para mucho. Gracias por tu aportación.
'Alma' es un libro irritante en el mejor sentido del término que plantea un juego constante con el lector. Me gustó mucho, la verdad. Lo subtitularía 'Los mecanismos de la autoficción' (ay, Wood).
Y sí, esa falta de sensatez, esa ignorancia autocomplaciente de Aído, en fin; mosqueo.
abrazo.
Facha misógino, ¿te crees que puedes disimular tu machismo con tus pedanterías?
Torrebruno de oro al comentario del mes. Por favor, anónimo (anónima, sospecho), tómate la molestia de leer antes de escupir. Saludos.
Vaya, una pena que la acuciante -y deprimente- actividad política (por llamarlo de alguna manera) nos dejara sin Alma. Un saludo.
'Alma' me pide una segunda lectura, que espero acometer en breve. Ya que tengo la oportunidad, y ante la falta de tiempo para hacer un comentario sesudo, repito lo que le comenté a Carlos Maiques: me gustó mucho.
Un saludo cordial.
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