martes, 4 de octubre de 2011

Este vacío tan tedioso



“¿Cómo dar sentido a unas experiencias sociales y profesionales caracterizadas por el desmoronamiento del tiempo largo y la precariedad?”, pregunta Christian Salmon en un capítulo de su irregular ensayo Storytelling significativamente titulado “El relato de la política”. El interrogante de Salmon capta, me parece, el pulso de la primera novela del poeta Carlos Pardo (Madrid, 1975), autobiografía ficcionada de Carlos, trasunto del autor, en la que Pablo, el amigo pintor que prefiere no pintar, hace las veces de un Macguffin parpadeante que sirve de apoyatura al narrador para construir una estampa generacional a partir del relato en dos tiempos de su avatar como poeta perteneciente a una bohême narcófila que, según el hiperbólico señuelo del paratexto, habita el mundo “a un paso de la marginalidad”. Uno diría, más bien, que los personajes que circulan por el libro habitan el mundo a un paso de la autoconciencia de su desencantada instalación en ese páramo social resultante de la enésima disolución en el aire de todo lo sólido en el que, recurriendo a la manida y polivalente fórmula popularizada por Bauman, decimos que la amistad, las expectativas vitales y laborales y aun el amor se han tornado líquidos.              

En un pasaje que cualquier lector malévolo puede interpretar como un juicio inconsciente del autor sobre su propio texto, Carlos dice que El desierto de los tártaros de Buzzati es “un libro deprimente” (p. 73). Si en la novela de Buzzati el asalto del enemigo no llega a materializarse, lo que no llega a cuajar en Vida de Pablo es la propia novela. El problema estriba en la elección de la historia vehicular: la relación del poeta con María Jesús –una mujer mayor que Carlos, a la sazón antigua pareja de Pablo–, historia que se apodera de las dos partes del libro y a la que afluye un nutrido grupo de secundarios que exponen sus fragilidades existenciales y sus desigualmente colmadas ambiciones en unos diálogos cultiheridos y pueriles y escoltan a la pareja protagonista a lo largo de la novela, ficción testimonial con pretensiones de bildungsroman que no logra levantar el vuelo, o que lo hace sólo tímidamente en la segunda parte, situada en Lanzarote. Entre ambas partes media una elipsis de varios años en los que Carlos, que cultiva una autoimagen mordaz y complaciente, ha dejado de pinchar discos en el bar de una pequeña ciudad del sur para convertirse en organizador de eventos culturales.  


Vida de Pablo es un libro bien escrito en el que Pardo saca puntualmente al estimable poeta que es en fraseos aliterativos y metáforas logradas, introduce algún texto ajeno –un buen poema de su amigo Abraham (pp. 131-134), por ejemplo–, escribe notas interesantes sobre la creación poética y recurre episódicamente a la metaficción. El texto está, por otra parte, anegado de marcas literarias –Renard, Rilke, Musil, Ashbery, Marechal, Léautaud, Apollinaire, Ribeyro, Gide, Perec, Cortázar, Sterne, Walser, Sebald, entre otros–, referencias filosóficas –Spinoza, Hegel, el I Ching, Vattimo, Deleuze y la inevitable alusión implícita al topos de filiación nietzscheana sobre la realidad y la metáfora (pp. 30 y 232), entre otras–, citas musicales –Carlos, debe reconocerse, tiene muy buen gusto– y guiños o bromas privadas quizás sólo comprensibles por los integrantes de la pomada cosmopoética de la España meridional. Todo esto no basta para armar una novela recordable; incluso cuando se pretende cartografiar el sinsentido epocal o el vacío ralentizado del presente perpetuo mediante el relato de aconteceres anodinos, hace falta algo más para convencer al lector de que el libro que tiene entre las manos merece la pena –o al menos para tratar de amortiguar su previsible tedio–. El resultado de la primera incursión de Pardo en la narrativa es una novela insípida cuya lectura deja la sensación de que el autor desperdicia a sus personajes más prometedores, malogra vetas narrativas –uno querría saber más de la “tristeza irónica de Pablo” entendida como “forma de fortaleza” (p. 297)–, y omite –o, quizás mejor, aborda parca y elusivamente– la cuestión política que subyace al texto, a saber, la contradicción del artista de la vida moderna, que, como sabemos desde Baudelaire, ejerce de poeta maudit y vitupera al mercado, pero depende del mercado editorial y periodístico –o, más prosaicamente, del zoco de las subvenciones públicas o del premio del Ayuntamiento de turno– para sobrevivir sin abandonar el ademán de maldito.


Carlos Pardo, Vida de Pablo, Cáceres, Periférica, 2011, 308 p. 


(p. m., publicado en La bolsa de pipas. Revista literaria trimestral, nº 83, octubre-diciembre 2011)


20 comentarios:

  1. Menudo palazo le pegas al libro, Clement. ¿Es que es tan malo?

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  2. Gracias por volver, Clement.
    Su familia se lo agradecerá.
    Ni se le ocurra marcharse.

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  3. Anónimo primero: exactamente "malo" no es; está bien escrito, etc., pero en mi opinión no tiene interés. No sé si la reseña es un "palazo", como dices; yo no lo veo así. Gracias por pasarte.

    Anónimo segundo: ya me dirás quién eres.
    Saludos.

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  4. Caduco, ya era hora de que trabajaras un poco. Se terminaron las becas, eh?

    Vamos a ver, yo estaba en la libreria la Central, en el momento en que comunicaron por teléfono al entonces dependiente de libreria Carlos Pardo la concesión del premio Andalucia Jovén de Poesía o algo así y no cesaba de llamar a sus colegas en plan "18 mil euracos, colega".

    Pues eso, Vida de Pablo. De aqui, para allá. Pura poesía.

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  5. ¿Dr. Jacques?... me temo que sí; el estilo es inconfundible.¿Becas? Si yo te contara...
    Bueno, ya se sabe cómo son co$a$ de la poe$ía.
    Saludos, ubicuo.

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  6. Jejeje...

    De vez en cuando,hay que estar en todas partes.

    Salud.

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  7. Se os va a atragantar la envidia. Vida de Pablo es una novela alucinante y por mucho premio que tenga, Pardo no se ha vendido a los grandes grupos, como los nocillas aquí idolatrados... por eso les da mil vueltas. Jeje, está bien eso de hacer una reseña criticando al autor antes que el libro...

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  8. Cadou, sí, es un "palazo". Pero está bien, "mola". Yo estuve varias veces tentado a leerme el libro pero mira que bien que acabas de hacerme un hueco en la lista: suben todos un puesto.

    Una buena reseña de "recienvenido", sí.

    Un saludo,

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  9. Anónimo, yo sólo me represento a mí mismo, así que no me hables en plural. Me parece obvio que, con sus aciertos y sus errores, la reseña habla de un texto y de su contenido, y no de una persona. He leído un libro de poesía de Pardo, "Paisaje sin desvelo"; me gustó. Naturalmente, respeto tu opinión sobre 'Vida de Pablo', pero déjame al menos no compartirla. En cuanto a lo demás, creo que no vale la pena discutir: ya escribió Ferlosio que España no es un país de "envidiosos", sino de "envidiados".
    Saludos.

    *

    Hola Carlos, celebro verte de nuevo por aquí.
    abrazo.

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  10. Discrepo, Cadou, a mí Vida de Pablo me ha parecido lo mejor que he leído en el último año (con La mano invisible, de Rosa). Inteligente, con una trama compleja que se lee a toda velocidad, arriesgada y sabiamente política. Luego me he leído Echado a perder, un libro suyo de poemas que me ha parecido bueno pero muy difícil, como dice él en la novela. No sé, no comprendo cómo puedes decir que la trama flojea, yo me la leí en un día.

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  11. Entiendo. Para mí, el problema de 'Vida de Pablo' no es únicamente la trama o la estructura; es, también, una cuestión de tensión narrativa, de ritmo. Hay, por otra parte, demasiados tramos que se deslizan por la pendiente de la inanidad. No todo es malo, claro, pero a mí, francamente, me aburrió un poco.
    Comprendo que la novela guste no sólo a quien pertenece al ecosistema que en ella se retrata, sino también a mucha otra gente que puede empatizar con el texto por motivos, digamos, adscriptivos.
    No sé, por último, si es una novela sabiamente política, como dices. Creo que el autor ha desaprovechado una buena ocasión para lanzarse una mirada clínica, distanciada y autocrítica, no necesariamente auto-flageladora; o, mejor dicho, la ambición de auto-observación irónica que recorre esta novela deviene finalmente en una especie de auto-contemplación tendencialmente celebratoria que, como tal, es intrínsecamente post-política.
    Saludos

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  12. Claro, te entiendo, pero yo entré muy bien en ese ritmo: desde la primera parte, en la que el narrador juega a ser superficial, hasta su desciframiento del mundo como superstición (el enamoramiento del narrador y el jarro de agua fría) y hasta la parte final, fría, distante. No sé, el libro me sedujo. Me parecía casi impúdico (no conozco a Pardo) el retrato que el autor se hace de sí mismo. Yo creo que hay una distancia enorme entre el narrador y el autor, y te lo repito, no conozco a Pardo, pero es un libro que se lee a pesar del narrador. Lo de político... no veo esa autocomplacencia. O quizá es una autocomplacencia tan tramposa que uno no puede dejar de sentir cierta rabia ante las vidas de esos personajes chafados y sin ningún espíritu crítico. Para mí eso tiene una voluntad política clara, que me ha recordado al tratamiento de la alienación del último libro de Rosa. Me ha parecido muy inteligente su teoría del consumo (de experiencias). La verdad es que no he empatizado con el narrador, pero sí he sentido que trata un mundo muy real, pre-literario.

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  13. Anónima última,

    coincido con su visión de la novela.

    Cuando quiera, quedamos.
    Apenas se encuentran Anónimas interesadas en las letras, que no sean del círculo de Diablos Azules.

    dr J.

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  14. Moderación, Jacques, s'il vous plâit, mo-de-ra-ción.

    *

    Anónimo, no he podido leer todavía el libro de Isaac Rosa; tengo ganas, la verdad. De cualquier modo, sólo aclarar que por "novela política" no entiendo aquella que tiene un afán explícitamente pedagógico o crítico, o aquella que está ideológicamente orientada (incluso si comparto las ideas que subyacen a la novela en cuestión). En este sentido, las dos primeras de Houellebecq, por ejemplo, me parecen más "políticas" que cualquier novela convencionalmente calificada como "novela política"
    Gracias por tu comentario.
    Por cierto: ¿eres Oche?
    Saludos.

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  15. Me alegro de que hayas vuelto. Y no, el anónimo no soy yo.

    Trabajé para el tal Pablo durante un año, y he vivido en Córdoba mucho tiempo, así que mi opinión sobre la novela carece de la más mínima objetividad. Pero te digo: me gustó.

    Un saludo, Clément.

    Oche

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  16. Vaya, Oche, casualidades de la vida; de ese tal Pablo habría querido yo saber algo más. Quizás agarré la novela con demasiadas expectativas: había leído mucho ditirambo sobre ella y ya ves.
    Espero que vayan bien las cosas, o al menos que no vayan demasiado mal (con la que está cayendo uno no sabe ya lo que decir). Gracias por pasarte.
    Abrazo.

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  17. ¿A qué se dedica en su vida, Clément, con unos comentarios tan eruditos e intelectuales?
    Anónima en plan ligona.

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  18. Me dedico a desear ser un mueble. Además, estoy casado. En definitiva: soy poco interesante.

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  19. Cadou, yo no soy Oche (hola Oche), ni conozco al tal Pablo. Quizá por eso he disfrutrado la novela como un enano, o como un mueble en una vieja casa de El Escorial, un mueble viejo casado con una vieja cómoda.

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  20. Me alegro de que disfrutaras leyendo el libro. Saludos.

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