“Desde la experiencia
que hemos vivido y que estamos viviendo, pido al gobierno y al pueblo argentino
con el derecho que me asiste como ciudadano y como padre del soldado clase 62
Alejandro Pedro Vargas, muerto y enterrado en las islas Malvinas, lo siguiente:
1) Que nunca más un gobierno constitucional movilice tropas de reclutas, ya sea
en casos como los ocurridos o para derrocar a un gobierno; 2) Que nunca más el
periodismo de cualquier tipo azuce a nuestros hijos a guerras inspiradas en el
oportunismo, la soberbia o la embriaguez. Ya no tengo más hijos para mi
Patria Argentina, pero quedan millones de jóvenes argentinos sanos y valientes
y no permitiré que los estafen con mentiras. Argentinos, no dejemos que esto
vuelva a ocurrir”
Salvador Antonio Vargas. Provincia de Buenos Aires.
(Carta de lectores de Clarín, 24-06-1982).
Las negritas son mías. La carta de Salvador Antonio Vargas está citada en el artículo
de Carlos Abel Suárez “30 años de Malvinas o cómo no tropezar de nuevo con la misma
piedra” (publicado en la Revista Sin
Permiso, abril de 2012)
*
“Cuenta Herodoto cómo,
en cierta ocasión, siguiendo Creso, el rey de Lidia, la pertinaz querella de
soberanía entre su reino y las ciudades griegas de la costa y las islas
adyacentes y habiéndose resuelto a preparar una escuadra con el fin de salirles
a los griegos en la mar, se presentó en su corte de Sardés un tal Biante de
Priene, según unos, o un tal Pitaco de Militene, según otros, que, como en leal
confidencia, le dijo: “Oh rey, los isleños se han puesto a hacer compras en
masa para juntar 10.000 caballos y acometer una incursión terrestre en contra
de Sardés y contra ti.” A lo que el rey, exultante de esperanza, contestó: “Ah,
si los dioses hubieran puesto en las mientes de los griegos la idea de venir a
desafiar a los jóvenes lidios con la caballería!” (pues los lidios gozaban de
la fama de tener la mejor caballería de aquellos tiempos). El griego admitió
entonces que encontraba sus esperanzas enteramente puestas en razón, pero
añadió: “¿Y que otra cosa crees que se han augurado a sí mismos los isleños, al enterarse de que tú proyectabas una escuadra, sino que de veras tengas la
osadía de ir a vértelas con ellos en la mar?” No dejó Creso de celebrar esta
salida, y, comprendiendo la lección, renunció a sus propósitos navales e hizo
las paces con los griegos, dándoles carta de hospitalidad.
Fue este pasaje de
Herodoto lo que en seguida me vino a la memoria cuando, a raíz de la guerra de
las Malvinas, pudo leerse en los periódicos que los servicios de espionaje
británicos no habían carecido totalmente de indicios premonitorios sobre las
intenciones argentinas con respecto a aquellas islas. Tal vez nunca lleguemos a
saber en qué grado fue honesta y en qué grado artera la negligencia objetiva
con la que el Foreign Office encaró tales indicios, pero el caso es que no hubo
aquí ningún Biante de Priene o Pitaco de Mitilene anglosajón que se presentase
en la Casa Rosada para decirle a Galtieri: “Oh, presidente, he oído decir que
los británicos están entrenando a toda la plantilla nacional de yoqueis de
carreras en el manejo de las boleadoras, para venir a atacar a los gauchos en
La Pampa”, para después, ante el eufórico regocijo de Galtieri por la temeridad
de la ocurrencia, replicarle: “¿Y qué te crees que se han dicho los británicos
al maliciarse de que andas preparando una expedición marítima contra las
Malvinas? Pues se han dicho: ¡ah, si en verdad los dioses le hubieran metido a
Galtieri en la cabeza la idea de desembarcar en las Falkland por la fuerza!,
¡entonces pondrían en nuestras manos el derecho de echarle encima todo el
hierro de la Royal Navy para reconquistarlas, y ya sí que tendríamos un buen
motivo para no devolvérselas jamás! (….)”
(Rafael Sánchez
Ferlosio, fragmento de “Hipótesis sobre el Belgrano”
(artículo publicado el 19 de noviembre de 1982 en el diario El País, recopilado
en Ensayos y artículos, vol. I,
Barcelona, Destino, 1992, pp. 349-350)
Mrs. Diana Gould diciéndole la verdad al poder a propósito del Belgrano:
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