miércoles, 4 de abril de 2012

Maneras de decirle la verdad al poder



“Desde la experiencia que hemos vivido y que estamos viviendo, pido al gobierno y al pueblo argentino con el derecho que me asiste como ciudadano y como padre del soldado clase 62 Alejandro Pedro Vargas, muerto y enterrado en las islas Malvinas, lo siguiente: 1) Que nunca más un gobierno constitucional movilice tropas de reclutas, ya sea en casos como los ocurridos o para derrocar a un gobierno; 2) Que nunca más el periodismo de cualquier tipo azuce a nuestros hijos a guerras inspiradas en el oportunismo, la soberbia o la embriaguez. Ya no tengo más hijos para mi Patria Argentina, pero quedan millones de jóvenes argentinos sanos y valientes y no permitiré que los estafen con mentiras. Argentinos, no dejemos que esto vuelva a ocurrir”
Salvador Antonio Vargas. Provincia de Buenos Aires.  
(Carta de lectores de Clarín, 24-06-1982).

Las negritas son mías. La carta de Salvador Antonio Vargas está citada en el artículo de Carlos Abel Suárez “30 años de Malvinas o cómo no tropezar de nuevo con la misma piedra” (publicado en la Revista Sin Permiso, abril de 2012) 

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“Cuenta Herodoto cómo, en cierta ocasión, siguiendo Creso, el rey de Lidia, la pertinaz querella de soberanía entre su reino y las ciudades griegas de la costa y las islas adyacentes y habiéndose resuelto a preparar una escuadra con el fin de salirles a los griegos en la mar, se presentó en su corte de Sardés un tal Biante de Priene, según unos, o un tal Pitaco de Militene, según otros, que, como en leal confidencia, le dijo: “Oh rey, los isleños se han puesto a hacer compras en masa para juntar 10.000 caballos y acometer una incursión terrestre en contra de Sardés y contra ti.” A lo que el rey, exultante de esperanza, contestó: “Ah, si los dioses hubieran puesto en las mientes de los griegos la idea de venir a desafiar a los jóvenes lidios con la caballería!” (pues los lidios gozaban de la fama de tener la mejor caballería de aquellos tiempos). El griego admitió entonces que encontraba sus esperanzas enteramente puestas en razón, pero añadió: “¿Y que otra cosa crees que se han augurado a sí mismos los isleños, al enterarse de que tú proyectabas una escuadra, sino que de veras tengas la osadía de ir a vértelas con ellos en la mar?” No dejó Creso de celebrar esta salida, y, comprendiendo la lección, renunció a sus propósitos navales e hizo las paces con los griegos, dándoles carta de hospitalidad.

Fue este pasaje de Herodoto lo que en seguida me vino a la memoria cuando, a raíz de la guerra de las Malvinas, pudo leerse en los periódicos que los servicios de espionaje británicos no habían carecido totalmente de indicios premonitorios sobre las intenciones argentinas con respecto a aquellas islas. Tal vez nunca lleguemos a saber en qué grado fue honesta y en qué grado artera la negligencia objetiva con la que el Foreign Office encaró tales indicios, pero el caso es que no hubo aquí ningún Biante de Priene o Pitaco de Mitilene anglosajón que se presentase en la Casa Rosada para decirle a Galtieri: “Oh, presidente, he oído decir que los británicos están entrenando a toda la plantilla nacional de yoqueis de carreras en el manejo de las boleadoras, para venir a atacar a los gauchos en La Pampa”, para después, ante el eufórico regocijo de Galtieri por la temeridad de la ocurrencia, replicarle: “¿Y qué te crees que se han dicho los británicos al maliciarse de que andas preparando una expedición marítima contra las Malvinas? Pues se han dicho: ¡ah, si en verdad los dioses le hubieran metido a Galtieri en la cabeza la idea de desembarcar en las Falkland por la fuerza!, ¡entonces pondrían en nuestras manos el derecho de echarle encima todo el hierro de la Royal Navy para reconquistarlas, y ya sí que tendríamos un buen motivo para no devolvérselas jamás! (….)”

(Rafael Sánchez Ferlosio, fragmento de “Hipótesis sobre el Belgrano” (artículo publicado el 19 de noviembre de 1982 en el diario El País, recopilado en Ensayos y artículos, vol. I, Barcelona, Destino, 1992, pp. 349-350)   



Mrs. Diana Gould diciéndole la verdad al poder a propósito del Belgrano 



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