jueves, 1 de noviembre de 2012

Espanca, Torres Bodet y los abandonos voluntarios

Florbela Espanca 



En la Antología de poetas suicidas [1770-1985] editada por José Luis Gallero (Madrid, Árdora, 22005), el lector interesado en las relaciones poesía/ derecho hallará dos ius-poetas trágicos –o mejor, dos poetas ius-trágicos–: la portuguesa Florbela Espanca (1895-1930) y el mexicano Jaime Torres Bodet (1902-1974).

Espanca trenza hábilmente un soneto permeado de sensualidad que todavía se deja visitar, a pesar de esos signos de admiración y de ese tono tan desesperadamente tragic-camp. El poema de Torres Bodet es un hermoso y cálido canto kairológico que puede ser leído como la contracara calma de la entrópica y apocalíptica glob…, global…, globaliz....

Nada tienen que ver los textos ni los significantes con el mundo jurídico, pero ambos autores podrían ser incluidos en una hipotética enciclopedia denominada Poems in Law –un tributo a “Poems in Law to Lisa”, de Roque Dalton– por razones de peso: los dos empezaron la carrera de derecho, los dos abandonaron los estudios sin llegar a graduarse y los dos se suicidaron –Espanca con una sobredosis de veronal, Torres Bodet descerrajándose un tiro–.

Queda suspendida en el aire poco amable de este primero de noviembre la cuestión de si hay un nexo secreto entre los dos abandonos voluntarios de Espanca y Torres Bodet.  

  

Sobre la nieve

(Florbela Espanca)

Tu cruel desdén sobre mí quedó
como un manto de nieve… ¡Quién dijera
que iba a fundirse en plena primavera
toda esa nieve que el invierno heló!

Tu mano mi alta frente coronó
con mil rosas y lilas… ¡Cuando yo era
aquélla que el Destino prometiera
a tus dorados sueños. Sólo yo!

Tus besos, en mis labios entreabiertos…
¡Alas paradas de pájaros muertos,
hojas de otoño en su caída loca…!

¡Mas en mí, un día, ebrio de color,
ha de nacer un gran rosal en flor
al sol de primavera de otra boca!


El día

(Jaime Torres Bodet)

Con marzo, empiezan juntos
la primavera en México y en Australia el otoño.
Cuando muere la tarde en Samarcanda,
nace la aurora en Córdoba…

Pero los hombres buscan
algo que sea primavera siempre,
abril en cualquier parte, alba en cualquier idioma:
un tiempo sin fronteras,
una patria sin horas.

Y, una vez más, el día
que muere en Samarcanda, nace en Córdoba. 

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