Florbela Espanca
En la Antología de poetas suicidas [1770-1985] editada por José Luis
Gallero (Madrid, Árdora, 22005), el lector interesado en las
relaciones poesía/ derecho hallará dos ius-poetas trágicos –o mejor, dos poetas
ius-trágicos–: la portuguesa Florbela Espanca (1895-1930) y el mexicano Jaime
Torres Bodet (1902-1974).
Espanca trenza hábilmente un soneto permeado de sensualidad que todavía se deja visitar, a pesar de esos signos de admiración y de ese tono tan desesperadamente tragic-camp. El poema de Torres Bodet es un hermoso y cálido canto kairológico que puede ser leído como la contracara calma de la entrópica y apocalíptica glob…, global…, globaliz....
Espanca trenza hábilmente un soneto permeado de sensualidad que todavía se deja visitar, a pesar de esos signos de admiración y de ese tono tan desesperadamente tragic-camp. El poema de Torres Bodet es un hermoso y cálido canto kairológico que puede ser leído como la contracara calma de la entrópica y apocalíptica glob…, global…, globaliz....
Nada tienen que ver los textos ni
los significantes con el mundo jurídico, pero ambos autores podrían ser incluidos
en una hipotética enciclopedia denominada Poems
in Law –un tributo a “Poems in Law to Lisa”, de Roque Dalton– por razones
de peso: los dos empezaron la carrera de derecho, los dos abandonaron los
estudios sin llegar a graduarse y los dos se suicidaron –Espanca con una
sobredosis de veronal, Torres Bodet descerrajándose un tiro–.
Queda suspendida en el aire poco amable de este primero de noviembre la cuestión de si hay un nexo secreto entre los dos abandonos voluntarios de Espanca y Torres Bodet.
Queda suspendida en el aire poco amable de este primero de noviembre la cuestión de si hay un nexo secreto entre los dos abandonos voluntarios de Espanca y Torres Bodet.
Sobre la nieve
(Florbela Espanca)
Tu cruel desdén sobre mí quedó
como un manto de nieve… ¡Quién
dijera
que iba a fundirse en plena
primavera
toda esa nieve que el invierno
heló!
Tu mano mi alta frente coronó
con mil rosas y lilas… ¡Cuando yo
era
aquélla que el Destino prometiera
a tus dorados sueños. Sólo yo!
Tus besos, en mis labios
entreabiertos…
¡Alas paradas de pájaros muertos,
hojas de otoño en su caída loca…!
¡Mas en mí, un día, ebrio de
color,
ha de nacer un gran rosal en flor
al sol de primavera de otra boca!
El día
(Jaime
Torres Bodet)
Con marzo, empiezan juntos
la primavera en México y en
Australia el otoño.
Cuando muere la tarde en
Samarcanda,
nace la aurora en Córdoba…
Pero los hombres buscan
algo que sea primavera siempre,
abril en cualquier parte, alba en
cualquier idioma:
un tiempo sin fronteras,
una patria sin horas.
Y, una vez más, el día
que muere en Samarcanda, nace en
Córdoba.
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