miércoles, 25 de noviembre de 2009

El artista como artesano exaltado


En una época caracterizada por la oficialización del starchitect como demiurgo envanecedor de conciencias colectivas poco o nada exigentes –el otro día casi nos morimos de risa cuando vimos a Zaha Hadid, Premio Pritzker 2004, disfrazada de posh sevillana de semana santa escuchando con arrobo y reverencia a Benedicto XVI en el Vaticano junto a… Calatrava, una suerte de Almodóvar de la arquitectura espectacular y provincianamente correcta–, el Manifiesto de Gropius (1919) parece una proclamación idealista y todavía naïve. Publicado el mismo año de la promulgación de la Constitución de Weimar, el texto de Gropius sintetiza en apenas cuatro austeros párrafos una actitud para habitar el mundo. En aquel tiempo todavía no era fácil adivinar el acelerado proceso de estetización en su primer formato, brutal y descarnado, que Walter Benjamin registró en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (“El fascismo tiende, por consiguiente, a una estetización de la vida política. A la violencia ejercida sobre las masas, aplastadas bajo el culto a un caudillo, corresponde la violencia de una maquinaria, de la cual aquél se sirve para la producción de valores de culto”). El nazismo como consumación kitsch de l’art pour l’art se llevó por delante a la Bauhaus, mientras que la respuesta inversa aunque equivalente de Stalin en la URSS (la politización del arte) arrasó literalmente a una generación entera de artesanos exaltados. Hoy no son ya necesarios lagers ni gulags para conformar al pequeño-ser-encantado-de-haberse-conocido en la alucinación tecno-artista y emocional del nuevo espíritu del capitalismo, un totalitarismo estetizante bastante más sofisticado que cualquier burda dictadura guiada por un caudillo grasiento y populista. Mientras, un buenrollismo neo-debole pálido y sin color político identificable apuntala y legitima la dominación dulzoide, renovando cada día el grado cero de la habitación del mundo no importa si en la ciudad expandida o concentrada. Queremos recordar y rendir un pequeño tributo a la actitud bauhausiana en el 90 aniversario del Manifiesto. Ahí va el texto:
MANIFESTO [1919]

The ultimate aim of all creative activity is a building! The decoration of buildings was once the noblest function of fine arts, and fine arts were indispensable to great architecture. Today they exist in complacent isolation, and can only be rescued by the conscious co-operation and collaboration of all craftsmen. Architects, painters, and sculptors must once again come to know and comprehend the composite character of a building, both as an entity and in terms of its various parts. Then their work will be filled with that true architectonic spirit which, as "salon art", it has lost.
The old art schools were unable to produce this unity; and how, indeed, should they have done so, since art cannot be taught? Schools must return to the workshop. The world of the pattern-designer and applied artist, consisting only of drawing and painting must become once again a world in which things are built. If the young person who rejoices in creative activity now begins his career as in the older days by learning a craft, then the unproductive "artist" will no longer be condemned to inadequate artistry, for his skills will be preserved for the crafts in which he can achieve great things.
Architects, painters, sculptors, we must all return to crafts! For there is no such thing as "professional art". There is no essential difference between the artist and the craftsman. The artist is an exalted craftsman. By the grace of Heaven and in rare moments of inspiration which transcend the will, art may unconsciously blossom from the labour of his hand, but a base in handicrafts is essential to every artist. It is there that the original source of creativity lies.
Let us therefore create a new guild of craftsmen without the class-distinctions that raise an arrogant barrier between craftsmen and artists! Let us desire, conceive, and create the new building of the future together. It will combine architecture, sculpture, and painting in a single form, and will one day rise towards the heavens from the hands of a million workers as the crystalline symbol of a new and coming faith.
Walter Gropius

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