miércoles, 11 de noviembre de 2009

La voz abisal de Antonio Porchia




Las voces de Antonio Porchia provienen de un territorio íntimo blindado a influjos literarios y ascendencias filosóficas más o menos reconocibles. Porchia dice lo indecible en cada uno de sus fragmentos abandonados, que reúnen el desamparo de la palabra vertida sin más ornamento que su desvalida y discreta presencia y algo similar a la belleza de la verdad –si es que, a día de hoy, hablar de la belleza de la verdad no resulta simplemente grotesco–. El sello autoral impreso en estas voces austeras aunque de dimensión infinita se nutre de lo principal, es decir, de lo que en ellas se comunica o traslada al lector en régimen de complicidad distante, pero también de ciertas constantes formales como la reiteración catártica de los términos –hay en Porchia un desdén militante hacia el sinónimo– y la peculiar configuración sintáctica de la frase, claves de una poética memorable a la que se rindieron muchos nombres ilustres, entre otros Borges, Caillois, Breton y Pizarnik. La radical singularidad de estas piezas lacónicas y autosuficientes impide su identificación con otro género que no sea el suyo propio, el género, vale decir, de las “voces”, rubro bajo el que fueron dadas por primera vez a la imprenta en 1943. Porchia, escritor italiano de nacimiento y argentino de inmigración y adopción, renegó del parentesco entre la voz y el aforismo que han querido ver algunos de sus comentaristas. Tal vez porque el aforismo aspira a subvertir un pensamiento establecido y las voces no ambicionan nada más –y nada menos– que expresar otros pensamientos:
“Mientras no vemos todos los vacíos, vemos”
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“Sí, he estado equivocado, pero no solo. También las cosas han estado equivocadas”
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“Cuando yo muera, no me veré morir, por primera vez”
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“Mis culpas no irán a otras manos por mi culpa. No quiero otra culpa en mis manos”
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“Son ellos los que hacen mi conducta, y son ellos que me juzgan por mi conducta”
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“He visto que un pequeñísimo grano de bien y un infinito de mal son dos infinitos”
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“Una cosa sana no respira”
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“Sé que no tienes nada. Por ello te pido todo. Para que tengas todo”
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“Me creo igual a todos. Sin embargo, esto de creerme igual a todos, me diferencia de todos”
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“Eres cuanto te necesitan, no cuanto eres”
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“Me es más fácil ver todas las cosas como una cosa sola, que ver una cosa como una cosa sola”
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“Se va igualando todo. Y es así como acaba todo: igualándose todo”
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“Llevo mis manos vacías, por lo que hubo en mis manos”
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“Nunca se puede no lastimar. Pero se puede lastimar menos, lastimando donde menos se lastima”
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“Lo bello se halla removiendo escombros”
(…)
Gracias al trabajo de Daniel González, Alejandro Toledo y Ángel Ros, que culminó una investigación iniciada años atrás, desde 2006 tenemos aquí la posibilidad y la fortuna de rastrear el itinerario de todas las voces de Porchia (las originarias, las nuevas, las abandonadas y las inéditas) en una edición integral dotada de un riguroso aparato crítico que nos aproxima a la obra y a la persona (e incluso a la voz, registrada en el CD que acompañó al volumen).
[Antonio Porchia, Voces reunidas, (edición, prólogo, tabla de variantes, anexo y epílogo de Daniel González y Alejandro Toledo, con la colaboración de Ángel Ros), Valencia, Pre-Textos, 2006, 281 pp.]

(reseña publicada en Le monde diplomatique, edición española)

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