domingo, 8 de noviembre de 2009

Camarasa in the right place



Seis propuestas para el próximo milenio (Siruela, 1994) reúne las conferencias que la muerte impidió pronunciar a Italo Calvino en la cátedra de las Charles Eliot Norton Poetry Lectures (Universidad de Harvard) durante el curso 1985-1986. Los valores literarios que, según Calvino, deberían permanecer en el siglo sensitivo y bestia que habitamos –cada uno de ellos, excepto el último, glosado en las conferencias– son: levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad y consistencia. Si en el texto dedicado a la levedad Calvino habla de “la literatura como función existencial, la búsqueda de levedad como reacción al peso del vivir”, en el dedicado a la exactitud escribe: “la poesía es la gran enemiga del azar, a pesar de ser hija del azar, y sabiendo que el azar, en definitiva ganará la partida. Un coup de dés jamais n’abolira le hasard”.
Los poemas en prosa que Rafael Camarasa reunió en El sitio justo (2008) se caracterizan por su levedad –una levedad en realidad aparente– y su exactitud –una exactitud informada por el azar–. El sitio justo ganó el premio Palabra Ibérica y se publicó en edición bilingüe español-portugués. Ahí van tres poemas del (recomendable) libro de Camarasa:

Resistencia
Ha telefoneado para decirme que me envía un poema por correo. "No importa si no lo lees. Es lo de menos", me explica. "Sólo imagínalo en su viaje sellado por máquinas infalibles; clasificado por funcionarios según procedimientos y normas. En el fondo de una sucia saca, entre publicidad y facturas, siguiendo los trámites de un mundo que rechaza por naturaleza. ¿No es como un rayo de sol en la bruma de una novela de las Brontë?" Hoy he recibido el sobre con su franqueo reglamentario y en el interior una cuartilla doblada por la mitad. Es cierto que estaba en blanco y no había ningún poema, pero no puedo decir que en ella faltara la poesía.
Puro teatro
En el frondoso árbol del patio hay un ahorcado sin nombre al que los buitres han sacado los ojos y vaciado las entrañas. Algunos pájaros negros que viven entre las ramas alzan en bandada el vuelo y, con un acrobático giro, se lanzan decididos a pasar por el tórax perforado del muerto. Con la crudeza de los detalles y el hedor que aumenta por días, vista desde cerca la escena se hace insoportable. Contemplada tras la ventana y una taza de café en las manos, la imagen del cuerpo, que se tambalea cuando lo atraviesan, resulta teatral y profética, extrañamente cotidiana.

Azul

No ser el visitante. El que llega a una casa junto al mar y queda deslumbrado por la luz, y la fresca paz de sus estancias. Hechizado por el efecto de las sombras en la vieja cal de las paredes. Ser el que se queda. Para siempre. Ese es mi sueño. Despedir a los que salen de mi quimera.

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