domingo, 6 de diciembre de 2009

La importancia de llamarse Idea


"(...) la soledad, el desamparo, esa sed de absoluto que se sabe perdida, son unos escépticos sin remedio; escritores nihilistas y, a la vez, profundamente morales, sombríos, desesperados. Y ambos, tal vez a consecuencia de todo eso, en el amor, unos jugadores de poker", escribe Ana Inés Larre Borge a propósito de la relación que mantuvieron Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti, un vínculo tormentoso que, según algunos biógrafos, arrancó a la poeta uruguaya los poemas más intensos y obsesivos. Idea Vilariño (Montevideo 1920-2009) murió en abril y se llevó a la tumba una personalidad fascinante. Altiva, hierática, distante, Idea Vilariño fue una intelectual en el sentido más amplio de la expresión (poeta, traductora, ensayista, crítica literaria, pedagoga) que despreció sistemáticamente la auto-promoción, una actitud en las antípodas del histérico e hipertrofiado yoísmo credencialista característico de la fase actual de la sociedad del espectáculo. Un poema de Idea Vilariño:

Cuando ya noches mías

Cuando ya noches mías,
ignoradas e intactas,
sin roces.

Cuando aromas sin mezclas
inviolados.

Cuando yo estrella fría
y no flor en un ramo de colores.

Y cuando ya mi vida,
mi ardua vida,
en soledad
como una lenta gota
queriendo caer siempre
y siempre sostenida
cargándose, llenándose
de sí misma, temblando,
apurando su brillo
y su retorno al río.

Y sin temblor ni luz
cayendo oscuramente.

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