La semana pasada la diputada popular –i. e. del Partido Popular– Sandra Moneo subió embarazadísima y constituida toda ella en metáfora y tableau vivant a la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados durante el debate previo a la votación del texto del proyecto de la Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo –que debe pasar todavía por el Senado– y vertió esta boutade gorilesca sin despeinarse: “Esta ley es el más claro y vivo exponente de lo que es el aborto libre, un sistema que tan solo tiene su reflejo en los antiguos regímenes totalitarios de la Europa del Este, regímenes que siempre han utilizado el aborto como un método de planificación familiar”.
La semana pasada salió un nuevo número de la revista Sin red que incluía entre sus colaboraciones un breve texto del poeta y novelista Manuel Vilas titulado Cuerpo en el que el autor de Calor y Aire nuestro remataba su defensa del texto legal en tramitación con esta boutade: “Hay millones de mujeres en este país que se merecen el respeto definitivo hacia su cuerpo, se merecen que su cuerpo deje de ser la sede de las veleidades ideológicas de los hombres. Creo que vencer el miedo al cuerpo –un fantasma ancestral– nos está costando más de la cuenta. Si yo fuese mujer saldría a la calle en tanga y con una metralleta” (la boutade en cursiva, la cursiva mía).
La semana pasada imaginé que no fue Bibi la que subió a la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados para replicar a la gorilesca diputada Moneo con ese speech tan suyo, esa verborrea vacua de folleto que solemniza obviedades, sino el poeta y novelista Manuel Vilas en tanga, con una metralleta y una peluca naranja fucsia, imaginé que yo estaba sentado en el salón de mi casa viendo a Manuel Vilas en el Congreso y que decía chapeau a la frase subrayada arriba en cursiva, frase que, imaginé, decía Manuel Vilas encaramado a la tribuna de oradores, porque, imaginé que había pensado en ese preciso momento, hay que estar a la altura y retrucar una boutade con otra boutade del mismo calibre.
La semana pasada pensé también que es posible –que debería ser posible– abordar un tema delicado como el aborto sin hipocresía ni cinismo, que es conveniente acabar con una situación esquizofrénica, de permanente inseguridad jurídica y de doble verdad como la que se vive en España desde que se introdujeron los tres supuestos de despenalización del 417 bis del Código Penal, que en todos los países de nuestro entorno existe una ley de plazos que prevé la tutela del nasciturus pero que en última instancia faculta a las mujeres para adoptar una decisión autónoma, que eso no significa en ningún caso incitar, promover o alentar la práctica del aborto ni concebir el aborto como un método de planificación familiar, que... carajo, ya estoy hablando como un político y, peor todavía, a favor de este gobierno, un gobierno que, según dice, no olvida a los pobres mientras no dejan de aumentar las desigualdades económicas, ésas de las que no se ocupa el Ministerio de Bibi… [Hay mucha bibliografía. Para un matizado análisis desde un punto de vista comparado: Patricia Laurenzo Copello, “Otra vez el aborto: el inevitable camino hacia un sistema de plazos”, Teoría & Derecho. Revista de Pensamiento Jurídico, nº 3, 2008, pp. 234-247.]
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