domingo, 27 de diciembre de 2009

José Luis Piquero, El fin de semana perdido


Algo no va, algo no funciona, algo chirría, algo anda (y huele) mal en el resbaladizo, proteico y veleidoso territorio de la crítica de poesía cuando un libro se hace acreedor de este juicio entusiasta y ditirámbico: “uno de los mejores [libros] que ha dado la poesía española de este año” (para leer la reseña, aquí) y es, al mismo tiempo, objeto de un concienzudo (y acaso malintencionado) ejercicio de demolición que, entre otras, contiene esta lindeza: “Pésima poesía realista, pésima poesía confesional, libro que se hace largo al tercer poema, y tiene treinta y cuatro, lo peor del poemario es su carácter circunstancial” (para leer el comentario, aquí). José Luis Piquero (1967) no había publicado en los últimos doce años, circunstancia que ya me predispone a su favor, aunque sólo sea porque este prolongado silencio –sólo roto en 2004 para reunir sus tres poemarios anteriores en Autopsia– contrasta con el productivismo de cadena de montaje poético-fordista de otros/ as vates/ as. No sé si El fin de semana perdido (Barcelona, DVD, 2009) es uno de los mejores poemarios publicados en España a lo largo de este año, como proclama enfáticamente el primer crítico –no los he leído todos, claro–, pero tampoco me ha parecido un libro de pésima poesía realista, como se asevera en la segunda reseña –no creo que todo sea pésimo, no creo–. Leí Monstruos perfectos (1997) y simpaticé bastante con la poética seca y canaille de Piquero. Este nuevo libro me ha entusiasmado menos. “He procurado –escribe Piquero en la nota final– que el oficio del que hablaba obrase en mi favor. En este sentido, también ha sido una etapa de aprendizaje, de búsqueda de ritmos nuevos y, sobre todo, de relaciones nuevas entre las palabras, a la caza de sus significados esenciales. Si mi literatura es realista –¿y qué literatura no lo es?–, la realidad que indaga no siempre resulta visible ni evidente. La palabra “expresionismo”, que ya he usado otras veces, podría venir al caso”. Seguiré a Elster, seré salomónico y le robaré a Constantino Bértolo el título de su gran prólogo a Muerte a crédito de Céline (Lumen, 2007, 2ª ed.): “Las cosas exactas de la existencia”.
Algunas cosas exactas de la existencia encontradas en El fin de semana perdido: “(…) Gracias, angustia; gracias, amargura,/ por la memoria y la razón de ser:/ no quiero que me quieran al precio de mi vida” (“Oración de Caín”, p. 24); “(…)Aflicción, no nos dejes/ ahora que sabemos lo que somos./ Aflicción: nuestra última certeza/ cuando ya no nos quedan más certezas. (“Extraviados”, p. 29); (…) Poco a poco el sosiego: la mudez/ y este cansancio atónito como si hubieras muerto de un orgasmo/ de pánico./ En tu cuerpo, donde el lorazepam/ ha dejado su rastro con dulces lametones,/ la vida sigue ahora su curso inexorable. (“Frágil”, p. 34); “(…) ¿Dónde están todos esos invitados? Si coges el teléfono ¿cuántos/ contestarían? (“Nova”, p. 42); “(…) Y sin embargo aquel no era tu sitio, ahora lo sé,/ en esa desdichada felicidad de quienes lo dan todo y nunca hacen/ preguntas (“Raquel”, p. 61); “(…) ¿Y bien? Estamos solos/ y parece un pecado/ esta lucha obstinada contra todas las leyes naturales:/ la música, la semidesnudez,/ la segunda vivienda./ Pero alguien tenía que quedarse./ Somos los Resistentes. (“Islantilla, Otoño", p. 75).

2 comentarios:

  1. Muy interesante la entrada Pablo, gracias!!
    Sigue con este Blog, está estupendo.
    Román.

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  2. hombre, román, gracias por tu comentario
    pero no sé, no sé
    feliz año

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