Cuando una (buena) poeta se pone a escribir en prosa acontece esto:
"Abre los ojos. El movimiento de la luz proviene de las balas trazadoras que surcan las piedras bajo las que está. Se halla tendido de espaldas en medio del hollín que tizna el túnel y percibe un sutil, sordo rumor en el terreno. Piensa que se trata de los tanques que se aproximan, o acaso la artillería pesada, hasta que recuerda el arroyo que corre al otro lado de la pared del túnel. El túnel ahueca y exagera el sonido, desplaza el eco, la vibración. Hay voces indiferenciadas, susurros. Está oscuro, y la chica coreana ha conseguido introducirlo y colocarlo pegado al lateral del túnel, donde la tierra del sendero se apelmaza contra la base de la pared. Leavitt oye las detonaciones aisladas de la artillería. Los soldados asomados a una y otra boca del túnel hacen disparos esporádicos. Permanece tendido e inmóvil; si no se mueve, el dolor se localiza justo junto a él, y entonces puede pensar. Percibe la presencia de la chica a su lado; ha tomado al niño que llevaba a la espalda y lo ha colocado en el suelo, entre los dos. Ahora coloca a Leavitt de costado, pegado a la curva de la pared, y oprime al niño a su lado. Leavitt palpa en busca de la culata del revolver a la altura del vientre, bajo la camisa. La pistola ya no está. Con cuidado, a tientas, busca el revolver cerca de donde se encuentra, en el suelo. Lo tiene en la mano, se lo acaba de acercar cuando oye a la chica hablar con la anciana. Está delante de ellos, arrodillada y erguida. La chica le señala que se tumbe, que se quede pegada a la tierra, pero la anciana se acerca más a Leavitt y le escruta el rostro. Es frágil; es más menuda aún que la chica, tiene una cara llena de arrugas, casi simiesca. Sus ojos, muy pequeños, son muy negros, como dos pasas entre los pliegues. La oye mascullar, despotricar, un susurro o un cántico, y entonces le escupe"
Y así, en este plan, como el conejito de Duracell, a lo largo de más de trescientas páginas.
[Jayne Anne Phillips, Alondra y Termita, trad. de Gabriela Bustelo y Miguel Martínez-Lague, Barcelona, Duomo, 2010, pp. 146-147]
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"Los escritores fuera de la ley, aquellos que crean sus propias estructuras dentro de su trabajo, y los escritores que son cazadores o videntes, aquellos que quieren ser testigos desde una dimensión que trasciende el tiempo y la muerte, siempre han sido claves para mí. Hablo de Faulkner, Katherine Anne Porter, Flannery O' Connor, Kafka, Bruno Schultz, Juan Rulfo, James Agee"
[J. A. P., de la nota final]
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