yo, io, je, ich, me… qué minúsculo e insignificante parece
“Encontrar en nosotros mismos todos los bajos instintos que hacen sonrojarse. Si son tan enérgicos en alguien que para quitárselos de encima se ensaña contra ellos, cuánto más virulentos deben ser en quienes, careciendo de un mínimo de lucidez, no lograrán nunca vigilarse y menos aún detestarse”
(E. M. Cioran, Ese maldito yo)
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